miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capítulo 7: Forgetting You, But Not The Time

-Debes estar sedienta. Bebe agua. 

Justin sacó una cantimplora de su mochila. Era redonda, con una A en rojo. Desenrosqué la tapa, y un extraño olor inundó el aire. Cuando miré hacia mi hermano para decirle qué le pasaba a ese agua, vi que lo tenía a un palmo de mí y me obligó a beber. Sabía asquerosa. Empecé a marearme y me dí cuenta: procaína. Todo empezó a dar vueltas, y de pronto empecé a recordar cosas que tenía por olvidadas.

-Ay, que ganas de ir al cine el sábado, joder. ¡Te voy a violar en él! Jajajaja.
-Calla, ¡gilipollas! Marta, la verdad es que... A  ver, yo lo pienso mucho, pero me da miedo... -dice Letterbomb, poniéndose colorada y mirando hacia abajo.-
-¿El qué?
-Que... Me gustas, pero no sé... Es raro que sienta algo diferente, sobre todo si eres mi mejor amiga.
-Espera... ¿Te gusto? -dije, más feliz que nunca.-
-Es que no se...

Salté y la abracé. Mi mejor amiga, mi Letterbomb, también estaba por mí. Llevaba como tres años ocultándolo, no podía decir que me gustaba una chica; nadie lo entendería.

-¡Yo siento lo mismo! -dispuesta a confesarle mi amor de la manera más empalagosa y asquerosa que podría hacer, se escucha la bocina de un coche, un coche familiar para las dos: mi madre venía a buscarme. Le di un abrazo y le dije que me hablara por WhatsApp esa noche.-

Así fue. Hablamos esa noche, al día siguiente, y el siguiente... Todos los días, como hicimos siempre, pero esta vez todo me parecía mejor. Una mañana me desperté con 1997 mensajes suyos, diciéndome que me quiere, que soy la mejor, etc. Todo era genial, perfecto. Empalagosa y repugnantemente perfecto. Éramos "novias" desde aquel día 4 de diciembre, cuando el hecho de aguantar más nos parecía imposible. 

-Éste sábado, 21, podíamos quedar...
-Vale, ¡genial! -dije.-

 Estaba entusiasmada. Iba a ir a su casa, a casa de mi "novia". Aún no nos habíamos besado, y estaba ansiosa por hacerlo. Me puse mi camiseta favorita y mis pantalones vaqueros, esos que tanto le gustaban a Letterbomb por tener unas costuras en las rodillas, mi guitarra, y me monté en el coche. Cuando llegué, fue muy raro: ni un abrazo, ni dos besos...  nada. Apenas nos habíamos tocado, y fuimos para el salón. Tocamos la guitarra, pero hacer el tonto, tirarnos una encima de la otra y acariciarnos el pelo ocupó la mayor parte de la tarde. Luego apareció su familia, y le propuse "ir a afinar su guitarra" a su habitación. Subimos las escaleras, y entramos. 

Su habitación era pequeña, pero me encantaba: pareces azules y dibujos pegados por las paredes, Nos sentamos en su cama, abrazadas, sin decir palabra. Estabamos acatarradas, pero mis mocos no eran oportunos en ese momento. Me levanté y fui al baño a sonarme. Cuando volví, ella estaba acostada, y abrió los brazos para que fuera con ella. Estuvimos así al rededor de media hora. A cada milímetro que se movía, los nervios se apoderaban de mí, ya que seguía sin besar a mi novia, y las ganas que tenía eran indescriptibles. Mi corazón iba a mil por hora, y de pronto sonó la maldita bocina del coche de mi madre. Pensé que ese momento sería el ideal para ese puto beso, y me lancé. Letterbomb, en cambio, se apartó. Me quedé muerta, pálida. Cogí mi guitarra, la guardé en la funda y me fui. 

Después de eso hablamos mucho por WhatsApp, pero toda la conversación se limitaba a lo mismo. Yo era la culpable, por ser gilipollas y enamorarme de ella, y Letterbomb me decía que era culpa de ella. Al final exploté:

-Mira, me da igual todo, es lo que hay. Sé que no me quieres como yo a ti. Me jodo y ya está, que ya estoy acostumbrada. No quiero hablar más de ésto.
-Vale... ¿Violamos a Billie?
-Ok.
-Salvajemente contra la pared... Jejejeje...
-Ok.
-Marta, ¡joder!
-¿Qué?
-Que antes no contestarías así.
-Ya, antes tampoco era gilipollas. Me voy a la cama a "dormir" un poco.
-...
-¿Por qué cojones soy tan ingénua? Joder, ya. ¡Mi vida es una mierda! -estaba llorando como una gilipollas; Letterbomb no me quería, y yo era una inocentona que se hacía ilusiones con todo.
-¡Pero es que no es culpa tuya! ¡Es mía, por darte esperanzas!
-Te doy igual. Me voy a llorar tranquila, que no veo bien la pantalla. 
-¿Pero no ves que así lo paso peor?
-¿Peor? ¿Y para qué me mandas 2000 WhatsApps diciendo que me quieres, si no es así?
-Pero es que sí siento algo, pero no se lo qué es...

No quise hablar más. Salí de mi habitación, cogí mi mochila de Nirvana y salí de casa con un portazo. Fui al 24h de la gasolinera, compré cuchillas de afeitar, acetona, tinte azul, lápiz de ojos negro y una litrona de cerveza. Me encerré en el baño y me teñí el pelo, rapándome un lado. Estaba tan enfadada, tan cansada del mundo, de la gente, que escribí las pareces con el lápiz de ojos lo primero que se me ocurría. Firmé en el espejo con un "Tuky", me hice un corte en la mano con la cuchilla y dejé allí mi huella. No volvería a ser esa niña maja de la que te encariñas y le cuentas tus penas, ni la que se preocupa por los demás. Nadie lo hacía conmigo, así que que les den a todos. Marta había muerto, ahora era Tuky. 

martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo 6: We Are Coming Home Again

Caminamos durante horas. Salimos de casa de Justin al anochecer, y no paramos hasta bien entrada la noche.  Descansamos en el borde de un camino, bastante parecido al que me llevó a Lonely Road, pero me limité a no preguntar. Dijo que esperara allí, que iba a ver si encontraba algo con lo que hacer fuego y calentarnos un poco, dejando a continuación la mochila al lado de una piedra de considerables dimensiones, superviviente a la devastación de los alrededores de la ciudad. Estaba muy cansada, y decidí sentarme al lado de la mochila, con la espalda apoyada en el pedrusco. Pensé que sería una buena idea ir abriendo la lata de judías, ya que estaba hambrienta; la historia de Justin en su casa no me permitió separar la mente de mi hermano, ignorando el pan mohoso y la otra lata de judías. En ese instante aparece él, con un neumático en la mano.

-¡Hey! ¿Qué haces?
-So... Sólo iba a abrir las judías...
-¿Te he dado permiso para tocar nada? -estaba desconcertada, y mi cara se lo transmitió.- Lo siento... Es que... No me gusta que hurguen en mis cosas...
-Vale, perdón. -Algo no cuadraba, su respuesta no era concincente, ni siquiera para él mismo.-

Se acercó a la mochila, sacó un mechero y lanzó la bolsa a tres metros de mi, alejándome de ella. A continuación, intentó prender el neumático. "Está loco, me quiere asfixiar con el humo y el olor a plástico quemado", pensé. 

-¿Vas a usar eso para encender la hoguera?
-Sí. 
-Va a oler fatal... 
-¿Qué pasa, no te vale? Otra cosa no hay. -dijo, harto de mis preguntas y de mal humor. Entonces me prometí no preguntar nada más.-
-¡Puto mechero! Joder. A ver si tengo otro...

Se acercó a la mochila, y cuando abrió la cremallera, sonó un teléfono. Él se sobresaltó notablemente, pero yo me asombré; un teléfono en la mochila de Justin. ¿Para qué lo quería? Revolvió en el interior hasta encontrarlo, nervioso. Era un móvil viejo, de pantalla pequeña color verde y con antena. Se alejó unos metros para evitar que yo escuchara la conversación, pero la soledad de la noche se lo impidió.

-¿Sí? ¿Eres...? Ah, hola. Sí, esta conmigo. No, tranquila, no me escucha; me alejé un poco de ella. ¿Cómo? Ah, pues en... -mira a su alrededor, buscando algo- En el sector 3. Perdón, no he podido avanzar más... ¿Mañana? ¡Joder, tía! -gran silencio. Justin intenta hablar, pero la persona que está al otro lado del teléfono no se lo permite.- De acuerdo... Mañana estaré en Jingletown con ella. ¿A qué hora? Bien, a las 08:00 entonces. Adiós.

Colgó el teléfono. Yo actué como si no escuchara nada, y disimulaba dibujando estrellas en el suelo con un palito. Cuando se acercaba, lo miré: su cara no decía nada bueno. Se paró a unos centímetros de mi, se echó su pelo rubio hacia atrás y supiró.

-Tenemos que continuar. Me... han llamado unos amigos para avisarme de que se avecina una tormenta de... Una tormenta. Vamos, levanta. Ya llevo yo la mochila -dijo, en un tono irónico y a la vez tajante.-

Sin más explicaciones, empezó a andar por el camino. Vi que no se paraba para esperarme, así que me levanté del suelo y lo seguí. Aquella persona, una mujer, le ordenó llevarme a mi pueblo, a mi hogar, a mi primer infierno. Volvía a Jingletown, y no sabía para qué.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Capítulo 5: Justin

El chico entró. Era alto, fuerte, y bastante guapo. Tenía el pelo rubio, pero algo largo de más, ya que se le podían ver las raíces negras, la raya del ojo muy marcada y ropa negra, como todos los demás. Se abalanzó sobre Brad y le partió la nariz de un puñetazo, haciendo que chorreara sangre como un grifo. Forcejearon un poco, y en un giro, tropezaron con la mesa de madera en la que estaba el ácido, y parte de él se derramó sobre la cara de Brad. 

-¡Vamos, Tuky! -me agarró de la mano y salimos de la sala 13 mientras el yonki se retorcía. ¿Por qué él sabía mi nombre? ¿Por qué me conoce todo el mundo?-

Corrimos por toda la calle hasta llegar a una pequeña casa casi derruida, con el tejado hundido y las ventanas rotas. Entramos en ella, exhaustos. Estaba tan mugrienta y oscura como la buhardilla, y en la planta baja sólo había una mesa redonda con dos sillas. Nos sentamos, y Justin puso para comer un trozo de pan mohoso, dos latas de judías y una botella media vacía de Coca-Cola. Nos manteníamos en completo silencio. Yo me limitaba a sacarle el moho al pan con un trozo de cristal roto que había en el suelo, hasta que él dijo:

-Come las judías, pareces hambrienta. -Era cierto, llevaba tres días sin comer.-
-¿Quien eres? ¿Qué pasa en Lonely Road conmigo?
-Soy Justin, tu hermano. 

Me quedé muerta. ¡Tenía un hermano, y me acababa de salvar la vida! En ese momento, no sabía qué decir, qué hacer; si seguir comiendo las judías o pegarle un trago a la Coca-Cola. 

-¿Mi... hermano? Imposible, yo no tengo hermanos.
-Sí, sí que tienes. 
-¡No! Me estás mintiendo. Intentas confundirme para matarme después.
-Escucha, Tuky... Soy tu hermano, y te lo puedo demostrar.
-¿Como? -dije, temiendo que él fuera de verdad mi hermano y supiera cosas que yo no sé; el por qué de que me conozca todo el mundo en Lonely Road.-
-¿Verdad que eres de Jingletown?
-Sí...
-¿Verdad que nuestro padre murió y se llamaba Andrew?
-Sí...
-¿Y a que de pequeña te gustaba jugar con un primo, que casi no veías, llamado Mike?
-¡¿Cómo sabes lo de Mike?!
-Porque yo soy Mike. Mamá me amenazó porque sabía cosas que no debería saber, y me fui de casa.
-¿A qué te refieres? 
-Mamá fue una líder Anti Idiot. - eso no me lo esperaba. ¡Mi madre una Anti Idiot! No podía ser...-
-¿Co... Cómo dices? ¿Qué pasó?
-Verás... Todo empezó cuando se quedó embarazada de tí. Papá era Idiot, y ella... ya sabes; todo lo contrario. Un día hubo una fuerte discusión entre nuestro padre y la Jefa. No recuerdo el motivo de la discusión, pero mamá y Whatsername se volvieron en su contra. Amenazaron con matarlo, pero él escapó. La Jefa envió a Brad para capturarlo y asesinarlo con el ácido. Yo fui testigo de todo aquello. Mamá se tuvo que ir de Lonely Road, ya que si los demás averiguaban que estaba embarazada de un Idiot la matarían.
-¿Y por qué te amenazó?
-Porque sabía que se lo contaría a la familia de papá y habría revueltas ente Idiots y Anti Idiots, pudiendo llegar a ser incluso una guerra. Yo no me pude ir con ella; la Jefa me lleva controlando desde los 15 años, desde que todo esto comenzó. Pronto se enterará de lo de Brad, tenemos que irnos.

No sabía qué hacer. ¿Me estaba contando la verdad? ¿Era en realidad Justin mi hermano? Cogimos la otra lata de judías, la botella, y una mochila vieja que había en una esquina de la casa, y nos fuimos en medio de la oscuridad de la noche en Lonely Road.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Capiítulo 4: Whatsername

Salimos del cuatro. Resulta que no era un sótano; era una buhardilla, y por algún motivo me pareció que volvería a estar en una de esas. Bajamos las escaleras hasta salir del edificio y dar a la calle, llena de escombros y yonkis. De pronto, Brad salió corriendo para juntarse con una chica de pelo violeta mal teñido, una trenza mal hecha y la misma camiseta de la A. Le dio lo que llevaba en la mano; un reloj de oro, parecía robado. Ella a cambio le entregó un frasquito con líquido. Empezaron a hablar de mí, señalándome evitando ser discretos. Pude escuchar:

-¿Es esta?
-Sí, ¡la encontré dormida en el suelo y la llevé a la buhardilla!
-Brad, no lo hagas... No merece la pena.
-Sí, ¡la encontré dormida en el suelo y la llevé a la buhardilla!
-Escúchame, imbécil -dijo la chica, dándole un bofetón-, no la metas en Lonely Road, ya somos bastantes. Piensa un poco: se volverá como tú, y tendrás menos novocaína para chutarte.
-Hazme caso, Jefa. ¡Tú no sabes quién es!
-¿Y quién es, dime?
-Es Tuky... ¿Recuerdas? Tuky... -Brad se quedó atontado mirando a la nada, como si tuviera una alucinación.-
-¿Es ella? No puede ser. Tráemela.

Brad vino corriendo como un retrasado, quizás porque la droga llevaba muchos años siendo su amiga. Me cogió del brazo y me dijo:

-¡Vamos a junto de la Jefa! 

Me puso delante de la chica, y el dio un paso atrás. 

-¿Qué haces aquí? 
-Me... Me escapé de casa.
-Vaya, vaya... Tu madre está muy ocupada con Tinny, ¿eh?
-¿De qué conoces tú a mi madre? -dije, a punto de saltarle encima-.
-Cállate, niñata. Brad, llévala a la sala 13.
-¡Vale, Jefa! -contestó él, con la mirada perdida y cayéndole un hilo de saliva por el mentón. Daba verdadero asco.- 

Caminamos un poco, unos cuantos metros, y me metió en una sala con sillas, vacía. Me sentó en una de ellas y me ató a ella con cinta americana.

-Lo siento mucho... A la Whatsername le traes malos recuerdos... ¡Tú piensa en otra cosa! Piensa en... Jesus of Suburbia. Así no sentirás cómo te inyecto el ácido -me dijo, en el mismo tono que le hablaría una enfermera a un niño al que le va a poner una vacuna. Me aterrorizó él, la jeringuilla, la cinta americana, Whatsername y Lonely Road. Antes de que pudiera gritar, me puso cinta americana en la boca. Con toda la calma y parsimonia, cogió la enorme jeringa, un bote de ácido nítrico, y se puso a silbar el trozo de "I´m the son of Rage and Love". Mientras, yo me preocupaba de llorar sin poder decir nada y observar cómo se iba llenando la vacuna de la muerte.- 

-Vamos, ¡canta conmigo! Get my television fix, sitting on my crucifix... ¿Por qué no cantas, te molesta la cinta americana? Tranquila, Tuky. Durará poco. 

En ese momento se oyen gritos fuera de la sala 13. Brad se giró bruscamente hacia la puerta, y tiró el ácido sobre la mesa de madera. Ésta empezó a quemarse, a derretirse... 

-¡Hijo de puta, abre la puerta!
-Jajaja, ¡estoy ocupado! Cuando acabe te abro.
-¡Brad, abre o te mato!
-Me vas a matar igual, Justin... Así que déjame acabar con esto -el echo de que dijera "esto", como si yo fuera un maniquí, me enfureció-. ¡Así te abro la puerta y me matas a gusto! -contestó, sonriendo.-
-¡Déjala!

Acto seguido, la puerta cedió y ese tal Justin entró, echándose sobre Brad.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Capítulo 3: Los Anti Idiots

10 segundos más tarde, abrí los ojos. Aquella persona estaba allí, al lado de aquella cama, de pie, mirándome. No sonreía, ni estaba enfadada; simplemente me miraba, como un niño que mira algo que no conoce. Tendría unos 45 años, de pelo rojo y la raya negra del ojo corrida. No parecía peligroso, pero estaba muerta de miedo. Llevaba puesta una camiseta como la mía, con una enorme A. De repente me dice:

-¿Cuál es tu canción favorita de American Idiot?
-¿Qué? -no entendía a que narices venía eso, viniendo de alguien que me mete en un lugar que no conozco, oscuro, y me pone otra ropa-.
-¿Cuál es tu canción favorita de American Idiot? -me repitió, con la misma entonación y como si lo dijera por primera vez.-

Me fijé un poco, y vi que una gotita de sangre le salía de uno de los moratones del brazo; se acababa de drogar. Esto aún me asustó más, y contesté lo antes posible por miedo a que a la tercera me matara con lo que llevaba en la mano, lo cual aún no sabía lo que era.

-Jesus of Suburbia.
-Ah, la mía también... ¿Y de Nimrod?

¿A dónde quería llegar? Primero me despierto con un póster recién pegado a mi lado, y ahora me pregunta mis canciones favoritas. No contesté. En su lugar, mi cara tornó de angustiada y temerosa a la que pondría diciendo "¿eres gilipollas o lo haces?". Se dio cuenta, y acto seguido me dijo:

-Soy Brad. ¿Cómo es tu nombre? 
-...
-Te llamas Tuky, ¿no?

En ese momento me quedé muerta; ¿por qué sabía ese tío mi nombre? 

-¿Cómo lo sabes?
-En tu mochila tenías tu carné. Bah, da igual quien seas. Pero pronto serás como yo, como todos nosotros. Te enseñare Lonely Road, es precioso. ¡Incluso hacemos fiestas! Hoy es el día de Dookie. ¿Y qué hacemos? ¡Quemar LPs de Dookie! A los Anti Idiots nos encanta quemar un LP tras otro... ¡Vamos! Lo pasarás en grande.

En ese instante, preferí morir. Estaba lejos de casa, en sabe Dios dónde, sin mi familia, sin amigos, en una cuidad de yonkis que me querían convertir en uno más de ellos; convertirme en una Anti Idiot.

sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 2: Walking down Lonely Road

MAR 3. El día anterior eran las 19:17 cuando salí de casa con mi mochila de Nirvana al hombro. Ya eran las 08:30 y aún no había llegado a ningún sitio en concreto. Allá a donde voy, todo está en ruinas, con pintadas en las paredes, agujeros de bala en los muros, cristales rotos... Estaba exhausta, llevaba horas caminando, sin apenas dormir y sin comer, con la ropa mojada y de mal humor. ¿Mal humor por qué? Porque mi vida era un asco. Sin familia, sin amigos, sin hogar... Sin nada. De nada me valía volver atrás en el camino, porque no había nada peor que Jingletown, o eso creía yo.

 Las 13:49. El cielo estaba negro como la boca del lobo; la tormenta se me echaría encima en apenas media hora. Tenía que buscar un lugar donde resguardarme de la lluvia, pero no había nada a mi alrededor, nada más que árboles muertos caídos en medio de mi camino. De pronto, vi un cartel, como las señales que hay en Hollywood que ponen "Brodway Street". Era a lo que más se me parecía en ese momento. Éste ponía "Lonely Road". Tenía pintado con spray una A de anarquía y un "KEEP OUT" en letras rojas. Miré más allá de la señal, y lo que vi me sorprendió: una cuidad en ruinas con gente viviendo en ella. Avancé a través de la calle, mirando a los lados, observando cómo me observaban. Esas personas... Me resultaban extrañas. Vestían Punk, pero tenían muy mala pinta. Susurraban ente ellos mientras me miraban de arriba a abajo y me señalaban. Eran muy pálidos, casi de color enfermizo, con grandes ojeras y pequeños moratones en los brazos; eran yonkis. Intenté buscar un lugar lo más apartado posible de ellos para no mojarme más aún de lo que estaba. Encontré un pequeño escondrijo entre una pared y unos escombros. Me quedé allí, encogida, tiritando, muerta de hambre y de sed. Me dormidí casi al instante, no pude evitarlo. 

Abrí los ojos, estaba acostada. ¿Dónde cojones estaba? Miré a ambos lados, delante mía y al techo; esto no eran los escombros que vi antes de cerrar los ojos, ni mucho menos. A mi izquierda, en la pared, había un póster de American Idiot, roto, mojado por una esquina y algo arrugado. Me fijé mejor, y pude ver que el celo estaba recién puesto. ¿Habían puesto eso a propósito para mí? Y lo más importante, ¿quién? Me apoyé sobre el codo para levantarme un poco y ver mejor. La habitación era oscura, húmeda, fría, y con una pequeña ventana con los cristales sucios, llenos de moho. Parecía que que me habían metido en un sótano. Estaba tapada con una manta raída, con manchas de no quiero saber qué y descolorida. Eso sí, ya no tenía frío. Mi ropa... ¡No era mi ropa! Tenía puesta una enorme camiseta negra con una A, la misma que vi en el cartel de Lonely Road, pero esta vez en blanco, y un pantalón roto por las rodillas. Sorprendentemente, la ropa olía bien, como a colonia de bebé. Escuché un ruido, el picaporte de la puerta se estaba girando lentamente hasta llegar al punto de ser terrorífico. El sonido era horroroso, peor que el de arañar una pizarra. La puerta se abrió. Al otro lado había más luz que en la habitación, pero tampoco mucha. Pude distinguir una silueta de una persona. Tenía algo en la mano. ¿Qué me iba a hacer? ¿Matarme por haber entrado en la ciudad, quizás? No lo sabía. Se acercaba a mi, poco a poco. "¿Qué hago?", pensé. Me acosté en la cama, sin procurar disimular mi miedo y sin hacerlo poco a poco. Tan pronto como encontré la almohada, cerré los ojos con fuerza y esperé mi final.  

martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo 1: Mi vida en Jingletown

FEB 23. Quien me iba a decir a mí que iba a aguantar tanto tiempo aquí, en Jingletown.  Lo único que hago es preguntarme por qué tengo que ser "normal". Llevar la ropa que lleva todo el mundo, peinarme como todo el mundo, pensar como todo el mundo... Ser invisible para no llamar la atención y que te tachen de loca. Por lo de pronto, visto con ropa negra y tengo el pelo azul; creo que transmite bastante bien lo que soy y quiero ser. La gente de ahora? Da asco. No quiero ser el resultado de lo que me diga un cacharro llamado televisión, como ellos. 

No tenía a nadie en ese maldito sitio, a excepción de Gloria. Ni siquiera éramos amigas, sólo compañeras, pero por algún motivo era la chica que más confianza me daba. Un día, en una de esas conversaciones tan monótonas que teníamos, me dijo:

-¿Qué te parece mi nueva camiseta? Me encanta, todo el mundo la tiene -dijo emocionada-.
-¿De verdad quieres mi opinión? 
-Sí, si no la quisiera no te lo diría, Tuky.
-Pues me parece que te estás volviendo como el resto; quieres ser igual a los demás. ¿Y qué consigues así? 
-¡Y tú qué, eh! Vas de "oh, no... Yo soy diferente, no quiero ser así, odio a la sociedad actual..." Así estás. Si no fuera por mí, no tendrías a nadie.
-¿Y acaso tú eres alguien para mí? ¿Te pedí yo que me acompañaras? No. Pues, si quieres, vete con todas esas chicas que sólo piensan en cómo ser perfectas, en cuánto tienen que pesar y qué talla de sujetador usar. Creía que tú podías ser un poco como yo, pero ya veo que no, que nadie me entiende, que no encajo aquí.

No me dijo nada más. Sólo se dio la vuelta con su bolsa de Berska y se fue. No la volví a ver. Tal vez me evitara, no lo sé. A raíz de esa discusión, empece a darle más vueltas a todo. En mi casa nada iba bien; no tenía padre, y mi madre nunca estaba en casa, demasiado ocupada con Tinny, su "compañero" de trabajo. Todo me daba asco: la gente, la televisión, la manera de pensar del mundo... La vida. Llegué a casa después de un horrible día de invierno, lluvioso y frío. Ni siquiera me saqué la ropa mojada, y, aprovechando la casa estaba vacía como de costumbre, cogí una mochila, la llené de ropa y me fui. No sabía a dónde ir, qué hacer, nada. Sólo quería dejar atrás Jingletown y empezar una nueva vida.