Justin sacó una cantimplora de su mochila. Era redonda, con una A en rojo. Desenrosqué la tapa, y un extraño olor inundó el aire. Cuando miré hacia mi hermano para decirle qué le pasaba a ese agua, vi que lo tenía a un palmo de mí y me obligó a beber. Sabía asquerosa. Empecé a marearme y me dí cuenta: procaína. Todo empezó a dar vueltas, y de pronto empecé a recordar cosas que tenía por olvidadas.
-Ay, que ganas de ir al cine el sábado, joder. ¡Te voy a violar en él! Jajajaja.
-Calla, ¡gilipollas! Marta, la verdad es que... A ver, yo lo pienso mucho, pero me da miedo... -dice Letterbomb, poniéndose colorada y mirando hacia abajo.-
-¿El qué?
-Que... Me gustas, pero no sé... Es raro que sienta algo diferente, sobre todo si eres mi mejor amiga.
-Espera... ¿Te gusto? -dije, más feliz que nunca.-
-Es que no se...
Salté y la abracé. Mi mejor amiga, mi Letterbomb, también estaba por mí. Llevaba como tres años ocultándolo, no podía decir que me gustaba una chica; nadie lo entendería.
-¡Yo siento lo mismo! -dispuesta a confesarle mi amor de la manera más empalagosa y asquerosa que podría hacer, se escucha la bocina de un coche, un coche familiar para las dos: mi madre venía a buscarme. Le di un abrazo y le dije que me hablara por WhatsApp esa noche.-
Así fue. Hablamos esa noche, al día siguiente, y el siguiente... Todos los días, como hicimos siempre, pero esta vez todo me parecía mejor. Una mañana me desperté con 1997 mensajes suyos, diciéndome que me quiere, que soy la mejor, etc. Todo era genial, perfecto. Empalagosa y repugnantemente perfecto. Éramos "novias" desde aquel día 4 de diciembre, cuando el hecho de aguantar más nos parecía imposible.
-Éste sábado, 21, podíamos quedar...
-Vale, ¡genial! -dije.-
Estaba entusiasmada. Iba a ir a su casa, a casa de mi "novia". Aún no nos habíamos besado, y estaba ansiosa por hacerlo. Me puse mi camiseta favorita y mis pantalones vaqueros, esos que tanto le gustaban a Letterbomb por tener unas costuras en las rodillas, mi guitarra, y me monté en el coche. Cuando llegué, fue muy raro: ni un abrazo, ni dos besos... nada. Apenas nos habíamos tocado, y fuimos para el salón. Tocamos la guitarra, pero hacer el tonto, tirarnos una encima de la otra y acariciarnos el pelo ocupó la mayor parte de la tarde. Luego apareció su familia, y le propuse "ir a afinar su guitarra" a su habitación. Subimos las escaleras, y entramos.
Su habitación era pequeña, pero me encantaba: pareces azules y dibujos pegados por las paredes, Nos sentamos en su cama, abrazadas, sin decir palabra. Estabamos acatarradas, pero mis mocos no eran oportunos en ese momento. Me levanté y fui al baño a sonarme. Cuando volví, ella estaba acostada, y abrió los brazos para que fuera con ella. Estuvimos así al rededor de media hora. A cada milímetro que se movía, los nervios se apoderaban de mí, ya que seguía sin besar a mi novia, y las ganas que tenía eran indescriptibles. Mi corazón iba a mil por hora, y de pronto sonó la maldita bocina del coche de mi madre. Pensé que ese momento sería el ideal para ese puto beso, y me lancé. Letterbomb, en cambio, se apartó. Me quedé muerta, pálida. Cogí mi guitarra, la guardé en la funda y me fui.
Después de eso hablamos mucho por WhatsApp, pero toda la conversación se limitaba a lo mismo. Yo era la culpable, por ser gilipollas y enamorarme de ella, y Letterbomb me decía que era culpa de ella. Al final exploté:
-Mira, me da igual todo, es lo que hay. Sé que no me quieres como yo a ti. Me jodo y ya está, que ya estoy acostumbrada. No quiero hablar más de ésto.
-Vale... ¿Violamos a Billie?
-Ok.
-Salvajemente contra la pared... Jejejeje...
-Ok.
-Marta, ¡joder!
-¿Qué?
-Que antes no contestarías así.
-Ya, antes tampoco era gilipollas. Me voy a la cama a "dormir" un poco.
-...
-¿Por qué cojones soy tan ingénua? Joder, ya. ¡Mi vida es una mierda! -estaba llorando como una gilipollas; Letterbomb no me quería, y yo era una inocentona que se hacía ilusiones con todo.
-¡Pero es que no es culpa tuya! ¡Es mía, por darte esperanzas!
-Te doy igual. Me voy a llorar tranquila, que no veo bien la pantalla.
-¿Pero no ves que así lo paso peor?
-¿Peor? ¿Y para qué me mandas 2000 WhatsApps diciendo que me quieres, si no es así?
-Pero es que sí siento algo, pero no se lo qué es...
No quise hablar más. Salí de mi habitación, cogí mi mochila de Nirvana y salí de casa con un portazo. Fui al 24h de la gasolinera, compré cuchillas de afeitar, acetona, tinte azul, lápiz de ojos negro y una litrona de cerveza. Me encerré en el baño y me teñí el pelo, rapándome un lado. Estaba tan enfadada, tan cansada del mundo, de la gente, que escribí las pareces con el lápiz de ojos lo primero que se me ocurría. Firmé en el espejo con un "Tuky", me hice un corte en la mano con la cuchilla y dejé allí mi huella. No volvería a ser esa niña maja de la que te encariñas y le cuentas tus penas, ni la que se preocupa por los demás. Nadie lo hacía conmigo, así que que les den a todos. Marta había muerto, ahora era Tuky.