MAR 3. El día anterior eran las 19:17 cuando salí de casa con mi mochila de Nirvana al hombro. Ya eran las 08:30 y aún no había llegado a ningún sitio en concreto. Allá a donde voy, todo está en ruinas, con pintadas en las paredes, agujeros de bala en los muros, cristales rotos... Estaba exhausta, llevaba horas caminando, sin apenas dormir y sin comer, con la ropa mojada y de mal humor. ¿Mal humor por qué? Porque mi vida era un asco. Sin familia, sin amigos, sin hogar... Sin nada. De nada me valía volver atrás en el camino, porque no había nada peor que Jingletown, o eso creía yo.
Las 13:49. El cielo estaba negro como la boca del lobo; la tormenta se me echaría encima en apenas media hora. Tenía que buscar un lugar donde resguardarme de la lluvia, pero no había nada a mi alrededor, nada más que árboles muertos caídos en medio de mi camino. De pronto, vi un cartel, como las señales que hay en Hollywood que ponen "Brodway Street". Era a lo que más se me parecía en ese momento. Éste ponía "Lonely Road". Tenía pintado con spray una A de anarquía y un "KEEP OUT" en letras rojas. Miré más allá de la señal, y lo que vi me sorprendió: una cuidad en ruinas con gente viviendo en ella. Avancé a través de la calle, mirando a los lados, observando cómo me observaban. Esas personas... Me resultaban extrañas. Vestían Punk, pero tenían muy mala pinta. Susurraban ente ellos mientras me miraban de arriba a abajo y me señalaban. Eran muy pálidos, casi de color enfermizo, con grandes ojeras y pequeños moratones en los brazos; eran yonkis. Intenté buscar un lugar lo más apartado posible de ellos para no mojarme más aún de lo que estaba. Encontré un pequeño escondrijo entre una pared y unos escombros. Me quedé allí, encogida, tiritando, muerta de hambre y de sed. Me dormidí casi al instante, no pude evitarlo.
Abrí los ojos, estaba acostada. ¿Dónde cojones estaba? Miré a ambos lados, delante mía y al techo; esto no eran los escombros que vi antes de cerrar los ojos, ni mucho menos. A mi izquierda, en la pared, había un póster de American Idiot, roto, mojado por una esquina y algo arrugado. Me fijé mejor, y pude ver que el celo estaba recién puesto. ¿Habían puesto eso a propósito para mí? Y lo más importante, ¿quién? Me apoyé sobre el codo para levantarme un poco y ver mejor. La habitación era oscura, húmeda, fría, y con una pequeña ventana con los cristales sucios, llenos de moho. Parecía que que me habían metido en un sótano. Estaba tapada con una manta raída, con manchas de no quiero saber qué y descolorida. Eso sí, ya no tenía frío. Mi ropa... ¡No era mi ropa! Tenía puesta una enorme camiseta negra con una A, la misma que vi en el cartel de Lonely Road, pero esta vez en blanco, y un pantalón roto por las rodillas. Sorprendentemente, la ropa olía bien, como a colonia de bebé. Escuché un ruido, el picaporte de la puerta se estaba girando lentamente hasta llegar al punto de ser terrorífico. El sonido era horroroso, peor que el de arañar una pizarra. La puerta se abrió. Al otro lado había más luz que en la habitación, pero tampoco mucha. Pude distinguir una silueta de una persona. Tenía algo en la mano. ¿Qué me iba a hacer? ¿Matarme por haber entrado en la ciudad, quizás? No lo sabía. Se acercaba a mi, poco a poco. "¿Qué hago?", pensé. Me acosté en la cama, sin procurar disimular mi miedo y sin hacerlo poco a poco. Tan pronto como encontré la almohada, cerré los ojos con fuerza y esperé mi final.
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