sábado, 1 de marzo de 2014

Capítulo 10: Extraordinary Girl

Comencé a despertar escuchando voces distorsionadas. La sensación era la misma que sientes cuando te quedas dormida, poco a poco, en frente a la televisión. Las voces se hicieron más claras, y pasaron a ser gritos.

 Mis ojos se empezaron a abrir, y mi mirada se enfocó lentamente. Esta vez no estaba en la buhardilla de las dos últimas veces, estaba en una sala con musgo y desconchones en las paredes, con las bombillas del techo rotas. Las lámparas de aluminio que pendían del techo estaban aboyadas, y decenas de goteras hacían que aquel lugar pareciera una cueva. Estaba acostada en una camilla, tapada con una sábana blanca. Era la tela más limpia que había visto en mis días de residencia en Lonely Road. Me incorporé, y vi que mi brazo estaba envuelto por una venda. No me dolía, y no estaba empapada de sangre a causa de alguna posible herida. Me la quité. No podía ser. Tenía una A tatuada en el brazo: una A de Anti Idiot. ¿Qué cojones pensaban aquella panda de inútiles? Por tatuarme eso no iba a ser como ellos. Los gritos seguían.

-¿Eres gilipollas, Brad? Te mataré, lo juro por Jimmy.
-Jefa... Jimmy fundó esta ciudad, y quería que todos los que entrasen se hicieran Anti Idiots. 

Escuché cómo aquel bastardo recibía una bofetada.

-No hables de Jimmy, asqueroso. ¡Serás imbécil! Sácala de aquí, rápido. ¡Rápido!
-¡Sí, Jefa!

Escuché blasfemar a Whatsername, que se fue con un portazo. Mientras, Brad hablaba solo, musitaba frases incomprensibles. De pronto, se puso a cantar, de manera casi inaudible, Jesus of Suburbia, pero algo me aterrorizó. Cantaba "The Tuky of Suburbia". Un golpe suave, como el cerrarse de un cajón. Un tintineo, como varias piezas de metal chocando unas con otras. Metió seis en una especie de hueco, produciendo un roce suave y delicado. "From the Bible of "Tuky on the above". Seis piezas de metal... Tenía que irme de allí. Me levanté de la camilla, miré a mi alrededor y vi un ventanal sin cristales. Me asomé y vi que estaba a menos de un metro de altura. Salté mal y me caí de narices en la tierra. Corrí todo lo que pude, sin saber a dónde ir ni qué hacer.

Disparos a lo lejos. Estaba en las afueras de la cuidad, y la guerra ya había comenzado. Los Idiots. Tenía que llegar hasta ellos. Miré a mi alrededor, no había nada. Una mano me tocó el hombro, y me giré de golpe. Ahora sí que estaba muerta, Whatsername, la vieja Whatsername me había encontrado.

-Nena... Me están entrando ganas de pegarte un tiro en la sien y acabar de una vez contigo. -dijo, con una amplia y preciosa sonrisa.- Pero, ¿sabes qué? No lo haré. La puta de Christie se merece ver a su niñita... 

Me agarró del pelo, de mi pelo color azul al que tanto cariño tenía y tan abandonado dejé después de irme de Jingletown. Me llevó a rastras y me ató a una farola con su cinturón de tachuelas. Apretó tanto que me pellizcó y noté cómo se me levantaba la piel. Un calor húmedo me inundó las manos, empapándomelas y sintiendo cada gota de sangre en las yemas de mis dedos, notándolas caer. Empezó a darme puñetazos en la cara, en el estómago, en las costillas. Patadas. Arañazos. Yo gritaba con todas mis fuerzas, pero nadie podía oírme. 

-Cállate, perra. -me amordazó con un pañuelo que tenía atado a la muñeca. Siguió pegándome hasta casi llegar al punto de desmayarme.- Oh, cielo... Das asco. Le gustarás mucho a tu madre.

Volvió a sonreír. Apenas pude ver cómo lo hacía, tenía un ojo morado, cerrado del todo, y el otro tenía una hemorragia. Me desató con delicadeza y me empujó a patadas hasta una camioneta aparcada al otro lado de la calle, la cuál no había visto cuando llegamos allí. Me tiró en la parte de atrás, como si fuera un saco de patatas o una alfombra vieja destinada al vertedero. Condujo un buen rato, unos 15 minutos. Paulatinamente noté cómo nos aproximábamos a la entrada de Lonely Road, los disturbios se hacían notar. Aparcó.

-Tú, bájala. 
-¿Quién es, Jefa?
-Cállate la puta boca. He dicho que la bajes.

 Aquella voz me resultaba familiar. El mismo "¿Quién es?" que escuchaba en Jingletown cuando llamaba a su puerta para hacer los deberes con ella. No podía ser posible. Letterbomb se había vuelto una Anti Idiot. 

viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 9: Before the Lobotomy

No podía ser. Mi tía no podía ser Whatsername. Nada tenía sentido. Me quedé enbobada, mirando al vacío. 

Cuando me di cuenta, la Jefa se había ido. Abandoné de la buhardilla, bajé las escaleras y salí a la calle. Era un auténtico caos. Barricadas con contenedores, sacos de arena, escombros, cualquier cosa que encontraran. Todos los Anti Idiots corrían de aquí para allá, con una escopeta o un fusil. Cada unos cinco metros, en las barricadas, había una bandera de American Idiot, pero sus colores no eran los originales: estaba en tonos grises, casi negros. Mesas preparando los cócteles Molotov. Garrafas de gasolina. Granadas. Cartuchos llenos de balas, balas esperando atravesar la piel de alguien. Todo esto estaba colocado minuciosamente sobre las mesas, como esperando a que alguien abriera las puertas del museo y decenas de personas vinieran a admirar todo eso. Humo. Polvo. Confusión. Las caras de los yonkis relucían al resplandor del fuego de los bidones de gasolina, los que resaltaban lo demacradas que estaban. Calor. Nervios. Gritos. Los Idiots estaban llegando. Se escuchaban golpes de tambores. Los mismos que haría sonar la batería en Holiday. Apareció Whatsername por entre la multitud, y empezó a repartir jeringas a cada uno de sus secuaces. Estaba acompañada de Brad. Maldito sea ese cabrón, seguro que ya había matado a Justin. Tenía que encontrarlo, necesitaba hacerlo. La sala 13, tenía que ir hasta allí. 

Avancé entre la gente, intentando esquivar la mirada de la Jefa. Cuando salí de entre la multitud, corrí todo lo que pude hasta llegar al edificio de East 12th Street. Ya no tenía puerta principal. Posiblemente la arrancaran para que formara parte de las barricadas a la entrada de la ciudad. Entré, aturdida. Había muchas puertas, todas iguales, con un número pintado sobre ellas. 1, 3, 5, 7... Se me hacía eterno. 9, 11, 13. Empujé la puerta, estaba atrancada por dentro. Miré a través del cristal, y estaba vacía. Entonces... ¿dónde estaba Justin? Escuché cantar a alguien. El sonido venía del final del pasillo. Las bombillas estaban rotas, por lo que no se veía una mierda. Pude escuchar mejor, el sonido se acercaba.

-The Jesus of Suburbia, from Bible of "none of the above" on a steady diet of...

No podía ser.

-Soda Pop and Ritalin, no one never died for my sins in hell, as far as I can tell, at least the ones I got it away with...

Lo empezaba a ver. Era él.

-But there´s nothing wrong with me, this is how I´m supposed to be, in the Land of Make Believe, that don´t believe in me. Tuky, ¿por qué no cantas?

Brad. Ese hijo de puta me había seguido. Estaba muerta, o lo estaría literalmente en unos instantes.

-¿Dónde está, Brad?
-¿Quieeeen?
-Tu puta madre. ¡Justin, joder! ¿Dónde está?
-Jajajaja, qué graciosa. Pues ahora no te lo digo.

Ese tío estaba fatal. Las drogas lo habían jodido, pero bien. Tenía que rebajarme a él para poder sacar algo en limpio.

-Get my television fix sitting on my cricifix, the living room, on my private womb...
-¡Siii, ya cantaaas! Vale, pues vamos a jugar a una cosa. Ven aquí.

Me daba miedo, pero ese tío no sabía hacerle nada a nadie si no lo tenía atado a una silla, amordazado. Me acerqué, silbando el resto de la canción. Aquel gilipollas me sonreía, como esperando a que me acercara lo suficiente como para abrazarme. ¿Qué cojones? Era un cuerpo escombro de mierda, no me podría tumbar tan fácil. Me acerqué, podía ver perfectamente la quemadura de la cara, la que le hizo Justin con el ácido al salvarme. Justin. Eso me hizo volver a la realidad. Vi que ocultaba algo en sus espaldas. Algo no iba bien, pero era demasiado tarde. Me golpeó la cabeza con todas sus fuerzas y perdí el conocimiento.


domingo, 26 de enero de 2014

Capítulo 8: Welcome to Lonely Road, Tuky of Suburbia

Cuando me desperté, tenía los ojos húmedos. Me toqué el lado izquierdo de mi cabeza y comprobé que mi pelo había crecido, que no estaba rapado. Estaba acostada en una superficie dura, como una mesa. Miré a mi alrededor, y vi un póster de American Idiot en la pared. Aquello no me gustaba. Miré hacia abajo para ver mi cuerpo y vi que tenía la ropa con la que me había ido de Jingletown: camiseta roja con las costuras en negro y pantalón negro. ¿Dónde había estado mi ropa hasta ahora, y dónde estaba yo? A mis pies estaba la manta raída y asquerosa que me cubría en Lonely Road. Me levanté. Resultó no ser una mesa, sino la misma cama en la que me acostaron los yonkis, pero sin el colchón. La misma ventana mohosa. El mismo celo del póster, colocado en las esquinas de mala manera. El mismo olor. La misma sensación. La misma puerta, pero esta vez sin claridad en el otro lado. Distinguí en la pared unos dibujos; no sabía qué eran. Me puse de pie, me acerqué a la ventana y la rompí de un codazo. "Mierda, soy gilipollas... Si me quitara la camiseta y me envolviera el puño no estaría sangrando como un cerdo", pensé. La luz del día entró en la habitación, y pude ver que no eran dibujos; eran letras:

"WELCOME TO LONELY ROAD, TUKY OF SUBURBIA"

¿Qué era eso? ¿Volvía a estar en Lonely Road? Justin me había sacado de allí, íbamos hacia Jingletown... No podía ser. Abrí la puerta y me encontré de frente con Whatsername. La vieja Whatsername. La "jefa". 

-Oh, nena... ¿Ya estás despierta? -me dijo con retintín.-

Su pelo era rojo, no muy largo, tendría unos 26 años y el rímmel corrido, tatuajes, vestida de negro... La miré con cara de asco y me dio un bofetón.

-Mira... Te puedo matar cuando y como me dé la gana, así que ándate fina.
-Vale. ¿Qué cojones hago aquí? ¿Dónde está Justin?
-Ah... Justin, ¿eh? Pues verás, Justin es un hijo de puta, y los hijos de puta consiguen lo que se merecen.
-¿Qué quieres decir? -no sabía por qué me preocupaba tanto por él, si apenas lo conocía.-
-Justin te quería llevar a Jingletown para juntar gente y matarme a mí y a todos mis... amigos que viven aquí. Pero ya no me tendré que preocupar por él, Brad se lo pasará bien...

Empezó a reírse a carcajadas. Di un paso atrás y sacó una pistola del cinturón y me apuntó coon ella.
-Jajajaja. ¿Pensabas librarte? Tu padre no se libró, y tu tampoco lo harás. Y tu madre... cuando venga a buscarte a Lonely Road ya hablaré con ella.

-¡Jefa, tenemos un problema!
-¿Qué quieres, Kurt? ¿No ves que estoy ocupada?
-Están aquí. Por todos lados. -dijo el punk, bastante nervioso.-
-¡Quiénes, joder!
-Los Idiots. Cientos de ellos. Están rodeando Lonely Road.
-No puede ser... ¡Joder! Llama a todo el mundo. Que cojan todas las armas que encuentren y que se reúnan en el ayuntamiento. 

Kurt se fue corriendo. Whatsername se giró hacia mí, bajando el arma. 

-Tú, ven conmigo. Cuando dije que tu madre era una puta, por algo era. Nos traicionó a todos volviéndose Idiot. Mi hermana, mi única hermana... Oh, esto es la guerra, Christie.