Salimos del cuatro. Resulta que no era un sótano; era una buhardilla, y por algún motivo me pareció que volvería a estar en una de esas. Bajamos las escaleras hasta salir del edificio y dar a la calle, llena de escombros y yonkis. De pronto, Brad salió corriendo para juntarse con una chica de pelo violeta mal teñido, una trenza mal hecha y la misma camiseta de la A. Le dio lo que llevaba en la mano; un reloj de oro, parecía robado. Ella a cambio le entregó un frasquito con líquido. Empezaron a hablar de mí, señalándome evitando ser discretos. Pude escuchar:
-¿Es esta?
-Sí, ¡la encontré dormida en el suelo y la llevé a la buhardilla!
-Brad, no lo hagas... No merece la pena.
-Sí, ¡la encontré dormida en el suelo y la llevé a la buhardilla!
-Escúchame, imbécil -dijo la chica, dándole un bofetón-, no la metas en Lonely Road, ya somos bastantes. Piensa un poco: se volverá como tú, y tendrás menos novocaína para chutarte.
-Hazme caso, Jefa. ¡Tú no sabes quién es!
-¿Y quién es, dime?
-Es Tuky... ¿Recuerdas? Tuky... -Brad se quedó atontado mirando a la nada, como si tuviera una alucinación.-
-¿Es ella? No puede ser. Tráemela.
Brad vino corriendo como un retrasado, quizás porque la droga llevaba muchos años siendo su amiga. Me cogió del brazo y me dijo:
-¡Vamos a junto de la Jefa!
Me puso delante de la chica, y el dio un paso atrás.
-¿Qué haces aquí?
-Me... Me escapé de casa.
-Vaya, vaya... Tu madre está muy ocupada con Tinny, ¿eh?
-¿De qué conoces tú a mi madre? -dije, a punto de saltarle encima-.
-Cállate, niñata. Brad, llévala a la sala 13.
-¡Vale, Jefa! -contestó él, con la mirada perdida y cayéndole un hilo de saliva por el mentón. Daba verdadero asco.-
Caminamos un poco, unos cuantos metros, y me metió en una sala con sillas, vacía. Me sentó en una de ellas y me ató a ella con cinta americana.
-Lo siento mucho... A la Whatsername le traes malos recuerdos... ¡Tú piensa en otra cosa! Piensa en... Jesus of Suburbia. Así no sentirás cómo te inyecto el ácido -me dijo, en el mismo tono que le hablaría una enfermera a un niño al que le va a poner una vacuna. Me aterrorizó él, la jeringuilla, la cinta americana, Whatsername y Lonely Road. Antes de que pudiera gritar, me puso cinta americana en la boca. Con toda la calma y parsimonia, cogió la enorme jeringa, un bote de ácido nítrico, y se puso a silbar el trozo de "I´m the son of Rage and Love". Mientras, yo me preocupaba de llorar sin poder decir nada y observar cómo se iba llenando la vacuna de la muerte.-
-Vamos, ¡canta conmigo! Get my television fix, sitting on my crucifix... ¿Por qué no cantas, te molesta la cinta americana? Tranquila, Tuky. Durará poco.
En ese momento se oyen gritos fuera de la sala 13. Brad se giró bruscamente hacia la puerta, y tiró el ácido sobre la mesa de madera. Ésta empezó a quemarse, a derretirse...
-¡Hijo de puta, abre la puerta!
-Jajaja, ¡estoy ocupado! Cuando acabe te abro.
-¡Brad, abre o te mato!
-Me vas a matar igual, Justin... Así que déjame acabar con esto -el echo de que dijera "esto", como si yo fuera un maniquí, me enfureció-. ¡Así te abro la puerta y me matas a gusto! -contestó, sonriendo.-
-¡Déjala!
Acto seguido, la puerta cedió y ese tal Justin entró, echándose sobre Brad.
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